domingo, 22 de mayo de 2016

TV USA: tirando de nostalgia

















A principios de este semana, la cadena de TV estadounidense FOX ha lanzado los avances publicitarios de las principales series que estrenará la próxima temporada y lo más curioso del asunto es que la mayoría de ellas no parten de ideas nuevas u originales, sino que son continuaciones de series que emitidas hace ya algunos años -en la propia FOX- o adaptaciones televisivas de éxitos cinematográficos estrenados hace décadas -hasta ahora lo habitual era ver lo contrario, esto es, películas que trasladaban al cine antiguos éxitos de la pequeña pantalla.

¿Se acuerdan de Prison Break, aquella producción televisiva que comenzó como una mini-serie centrada en una fuga carcelaria y acabó como una serie de varias temporadas, con nuevas fugas y persecuciones a lo largo y ancho del globo terráqueo? Pues ya está aquí la secuela, con otros nueve episodios y muchas caras conocidas; sin entrar en demasiados spoilers, lo cierto es que el desenlace de la serie original hacía bastante difícil -por no decir imposible- el regreso de todos los protagonistas, pero ya sabemos que los guionistas siempre tienen un conejo debajo de la chistera, y seguramente la respuesta a este enigma sea clave a lo largo de esta nueva mini-serie.

Vuelve Prison Break...

¿El lector está más interesado en las historias de terror? Que no cunda el pánico. ¡O tal vez sí! Ya que FOX también está preparando una adaptación televisiva de… El exorcista (1973), con Geena Davis retomando el papel que en su día interpretó Ellen Burstyn -el de madre de una chica ‘poseída’- y un tráiler que, aparte de incluir la famosa melodía de Tubular Bells, recuerda más a películas de terror recientes que a la mítica cinta dirigida por William Friedkin; la cual -no está de más recordarlo- ha tenido ya secuelas y precuelas cinematográficas, pero también televisivas: ahí está la película para televisión Poseído (2000), protagonizada por Timothy Dalton, para demostrarlo.

¡Pero todavía hay más! También nos espera la serie basada en la tetralogía de películas de acción iniciada por Arma letal (1987) -con Damon Wayans y Clayne Crawford ‘haciendo’ de Danny Glover y Mel Gibson- o la adaptación televisiva del largometraje de culto The Rocky Horror Picture Show (1975). Y todo esto solo en la cadena FOX; porque la NBC ya tiene en rodaje la precuela televisiva de Venganza (2008) -sí, ese placer culpable protagonizado por Liam Neeson y que ya dio lugar a dos secuelas para la gran pantalla-, por poner solo uno de mil ejemplos

Los remakes, reboots, secuelas y reimaginaciones siempre han formado parte de la industria del entretenimiento audiovisual, pero parece que este año vamos a tener dos tazas.

Arma letal: de saga cinematográfica... a serie

Publicado en La Voz de Almería (20-5-2016)

viernes, 13 de mayo de 2016

Mucho más que cómics
















Dado que este era mi primer año firmando libros en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona -ya en su 34ª edición-, decidí que sería buena idea pasar allí el día inaugural, con el fin de disfrutar al máximo de un evento que va mucho más allá del mundo de los cómics: el manga, las series anime, el séptimo arte -sobre todo las adaptaciones cinematográficas-, el merchandising de todo tipo o el anuncio de las próximas novedades dentro del sector también cobran un papel muy importante a la hora de atraer a las más de 100.000 personas que, cada primavera, se acercan al Salón para hojear y comprar libros, ver exposiciones o conocer a sus autores favoritos.

Después de hacer la correspondiente cola para recoger la acreditación -algunas personas se quejaban de que en ediciones anteriores se enviaba directamente por email-, pude ver la exposición de ‘Automóviles en el Cómic’, que monopolizaba el primer recinto y algo traída por los pelos -en vez del famoso Batmóvil se exhibía el modelo de Jeep que utiliza Bruce Wayne en la secuencia inicial de Batman v Superman (2016), por ejemplo-. Mucho más interesantes resultaron las dedicadas a las superheroínas en el noveno arte, al dibujante Luis Bermejo o a Miguel Ibáñez, el mítico creador de ‘Mortadelo y Filemón’ -los personajes que han protagonizado, de hecho, el cartel de esta edición.

Cartel del Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2016 

Y luego, por supuesto, decenas y decenas de casetas a cargo de editoriales, tiendas, revistas y librerías especializadas; es un placer ir deteniéndose en cada una de ellas y comprobar la riqueza temática y estilística que caracteriza el universo comiquero: Marvel y DC son los reyes de la función, pero hay ofertas para todos los gustos; sin ir más lejos, quien esto escribe anda enganchado últimamente a las aventuras de Dylan Dog, el ‘Detective de las Pesadillas’ creado por Tiziano Sclavi en la década de los ochenta -hace unos años se estrenó una película estadounidense ‘basada’ en dicho cómic pero, con solo ver su tráiler, creo que he hecho bien en evitarla…

¿Y sobre los polémicos ‘desnudos’? Reconozco que al leer que la organización había retirado temporalmente unos dibujos de Miki Montlló aduciendo que no eran apropiados para mostrarse a todos los públicos, para luego asegurar que en realidad no habían querido decirle al autor que sus obras tenían el marco dañado y debían cambiarlo, pensé que debían estar diciendo la verdad, ya que en mi recorrido por el Salón había visto algunos dibujos mucho más subidos de tono, en la exposición del Instituto Nacional de la Juventud; horas después, me enteré que estos últimos sí que habían sido definitivamente retirados por… contenido pornográfico.  

Una imagen de la exposición 'Viñetas sobre ruedas'


Publicado en La Voz de Almería (13-5-2016)

domingo, 8 de mayo de 2016

Capitán América: Civil War



Justo un mes después de la columna dedicada a Batman v Superman, hoy toca hablar de otro largometraje protagonizado por superhéroes enfrentados entre sí. A este respecto, Capitán América: Civil War llega a los cines con varios y diversos retos: continuar forjando el monumental imperio cinematográfico y empresarial de Marvel Studios; estar a la altura de la anterior entrega de la saga, Capitán América: El soldado de invierno (2014); mejorar el mal sabor de boca que dejó en muchos espectadores la última aventura conjunta de Los Vengadores; y, en opinión de quien esto escribe, resultar más compacta que la película encabezada por el Hombre de Acero y el Justiciero de Gotham.

Esto último lo cumple con creces; claro que la cinta basada en los personajes de DC me pareció espectacularmente irregular y el listón no estaba demasiado alto… Lo que sí evidencian los guionistas de Civil War es que una película puede ser una plataforma de lanzamiento para futuros personajes -y sus respectivas entregas cinematográficas- sin caer en la ‘chapuza’ orquestada por Zack Snyder y Cía. Perfecta conclusión argumental a muchas de las anteriores historias individuales y grupales de Los Vengadores, el film dirigido por los hermanos Russo también supone un paso en firme tras el tropiezo de -mi adorado- Joss Whedon con la decepcionante Vengadores: La era de Ultrón (2015).

Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)

Uno de los segmentos que más está dando que hablar es aquel en el que los dos grupos de superhéroes -uno liderado por Iron Man y otro por Capitán América- se pelean entre sí, y muchos lo definen ya como una de las más perfectas definiciones del ‘cómic hecho cine’. Repleta de personajes, detalles, chistes y sorpresas, la secuencia tiene el mérito de desarrollarse a plena luz del día, como el resto de la película -eludiendo la obsesión de los blockbusters contemporáneos por las escenas nocturnas-, y es digna de disfrutarse en pantalla grande, pero no estoy seguro de si justifica por sí sola posteriores visionados.

Y es que ése es mi mayor problema con una cinta que, a priori, me debería haber encantado, y de la que medio mundo habla maravillas; tras encenderse las luces de la sala -y una vez vistas las dos escenas adicionales-, estaba indeciso sobre si tenía o no ganas de volver a verla. Hace algo más de dos años, a la salida de Capitán América: El soldado de invierno (2014), pensaba ya en cuándo podría comprarla en Blu-ray -buena parte de culpa la tuvo el estupendo montaje de imágenes que, a ritmo de Mavin Gaye, cerraba la película-; pero esta vez he echado de menos algo más de personalidad -a todos los niveles- y, sobre todo, un poco más de Steve Rogers y de Capitán América. 

Capitán América: Civil War (2016)

Publicado en La Voz de Almería (6-5-2016)

viernes, 29 de abril de 2016

¡Al abordaje!

















Otro viernes más, debo comenzar esta columna rememorando tiempos de juventud. De pequeño, cuando alquilaba películas en VHS, de vez en cuando grababa toda su banda sonora al completo -incluyendo los diálogos- en cintas de casete: aún no tenía dinero para comprar películas en formato físico y ‘escuchaba’ una y otra vez El fugitivo (1993) en el equipo de música del salón; luego empecé a grabar en VHS cualquier película protagonizada por Harrison Ford que echasen en TV y, cuando visitaba el Rastro de Madrid, procuraba buscar las carátulas adecuadas en los puestos de rigor. Claro que, solo unos años después, llegó a casa el invento que lo cambiaría todo: Internet…

Creo que mi punto de inflexión fue Perdidos: desesperado por tener que esperar a que TVE1 se decidiera a emitir su segunda temporada, y harto del maltrato que la cadena pública dispensaba a cada capítulo -en ocasiones eliminando incluso las escenas pre-créditos-, decidí casi a regañadientes ver los capítulos con ayuda del eMule y en versión original subtitulada; no tengo repartos en afirmar que, a partir de entonces, el router se convirtió en mi particular fuente de acceso a la ficción televisiva: así fue como ví todas las temporadas de Curb Your Enthusiasm o A dos metros bajo tierra, las cuales acabé luego comprando en DVD -igual que me ha ocurrido con decenas de series y películas.

El fugitivo (1993)

Podría seguir horas hablando sobre mis peripecias cinéfagas -y, por qué no, seriéfagas-,  pero llega el momento de dar sentido al título de esta columna: ¿era inmoral y/o ilegal lo que hacía?, ¿el fin justifica los medios (y demás frases hechas)? No es el momento de contestar esas preguntas -¿quizás otro día?-; pero sí diré algo: creo que, a fecha de hoy, si alguien pretende acabar con la denominada ‘piratería’, no debería preocuparle solo Internet sino también las tiendas físicas y virtuales a las que, supuestamente, todo el mundo debería ir corriendo a comprar las últimas novedades en DVD o Blu-ray.

Me explico. De un tiempo a esta parte, están proliferando las distribuidoras ‘pirata’: empresas que cada mes lanzan al mercado infinidad de películas, pero sin haber pactado los correspondientes derechos de muchas de ellas -con lo que los creadores o verdaderos propietarios intelectuales no reciben compensación alguna-, y a veces con una calidad audiovisual cuestionable. ¿Lo más grave del asunto? Que basta con darse una vuelta por ciertos grandes almacenes o tiendas web -sí, todas esas en las que están pensando- para comprobar que esta clase de ‘piratería’ no se está llevando a cabo en los bajos fondos de un supuesto mercado negro, sino… a plena luz del día.

Curb your Enthusiasm (HBO)

Publicado en La Voz de Almería (29-04-16) 

sábado, 16 de abril de 2016

Anécdotas de cine (II)
















Padres y madres que parecen no saber a qué película acuden con sus hijos, o que justifican el mal comportamiento de estos últimos en las salas de cine; personas adictas al whatsapp que rompen la sensación de oscuridad propia de la gran pantalla, o que no están tan interesadas en la película como en mantener una conversación con alguno de sus acompañantes; etc. Fueron algunas de las situaciones tratadas en esta columna hace unas semanas, bajo el epígrafe ‘Anécdotas de cine’; entonces dejé caer la posibilidad de redactar una segunda entrega, y aquí estamos de nuevo… ¡Material tenemos de sobra!

En la reseña dedicada a Deadpool (2016) comentaba que algún día tendríamos que hablar largo y tendido sobre el asunto de las ‘primeras filas’ en las salas de cine. Personalmente, lo más cerca que he estado de la pantalla fue durante una proyección de Soy leyenda (2007): tuvimos que sentarnos en cuarta fila, y si a la ubicación le añadimos que la cinta no me gustó demasiado, y que en la misma sala había una persona con ¡un bebé!, me creerán si les digo que fue una experiencia ‘inolvidable’. Casi tanto como ver K-19: The Widowmaker (2002) en una butaca situada en el lateral de la sala y con una columna en medio, la cual obligaba a torcer el cuello para ‘disfrutar’ de la película…  

Soy leyenda (2007) 

Cambiando de tema: no hace falta comprar una entrada para una película de terror para que te den un susto en el cine. Pónganse en situación: proyección de Nadie conoce a nadie (1999) en una sala madrileña; a mitad de la película, las luces se encienden mientras un hombre con una expresión bastante seria, de pie y en la primera fila, mira a los espectadores sin decir una palabra: yo ya me temía lo peor, y no respiré tranquilo hasta que nos dijeron que había un problema con el sonido y que debían realizar unos ajustes… Algo más lúdica fue la interrupción que viví durante una sesión de cine de verano en las míticas Terrazas de Aguadulce -ahora no recuerdo en qué año o durante qué película-, debido al caos sonoro provocado por los fuegos artificiales de la Feria.

Para terminar, otra de esas situaciones incómodas entre espectadores. En la primera entrega comentaba que las ‘anécdotas’ acechan al cinéfilo tanto en un centro comercial como en un festival de cine; en este sentido, no puedo dejar de señalar aquella ocasión en que, durante la proyección de Capitán Harlock (2013) en el Festival de Sitges, tuve que pedir silencio a una pareja que llevaba media hora hablando en voz alta. La estampa fue curiosa: todos con gafas de 3-D; al fondo, la película con subtítulos en italiano, inglés y castellano; y, para colmo, la película no es que me estuviera apasionando… 

Capitán Harlock (2013)

Publicado en La Voz de Almería (15-4-16)

viernes, 8 de abril de 2016

Del VHS a Netflix

















Mis viajes en tren -por poner solo uno de tantos ejemplos- son una buena muestra del cambio tecnológico experimentado por la industria del ocio a lo largo de las últimas décadas: en mis primeros viajes entre Almería y Madrid, a bordo del desaparecido coche-litera nocturno, mi walkman y mis cintas de casete -casi todo discos de Ismael Serrano- ayudaban a hacer el trayecto algo más ameno; años después, el discman y los CDS -de power, death o black metal- cogieron el testigo; hasta que, recientemente, me pasé definitivamente al reproductor de MP3 -aunque sigo escuchando música, nunca faltan varios podcasts de uno de mis programas de radio favoritos, Ser aventureros.

Igual pasó con el cine en formato doméstico: no pasó mucho tiempo entre el día que compré Cara a cara (1997) por 1995 pesetas en la Fnac Callao de Madrid y el día que vi por primera vez una película en DVD: concretamente Windtalkers (2002), alquilada en el videoclub de mi barrio -hoy, afortunada y sorprendentemente, todavía en activo-. Después vino el paso de la ‘tele de tubo’ al televisor LCD, la guerra entre el HD-DVD y el Blu-ray, la eterna duda de si comprar las películas en este último formato o seguir apostando por el DVD y, finalmente… la irrupción de internetlicado , de las descargas directas o P2P, y de servicios de streaming como Yomvi o Netflix -un habitual de esta columna.

¿Qué futuro le espera al coleccionismo de DVD y Blu-ray?

Llegados a este punto, quien esto escribe, antaño comprador habitual de películas en soporte físico, tiene ahora frecuentes dudas al respecto: ¿me merece la pena adquirir -pongamos por caso- la estupenda Infierno blanco (2011) en formato Blu-ray, aunque sea aprovechando alguna oferta, cuando puedo verla en cualquier momento gracias a la suscripción de Netflix, con una más que aceptable calidad de imagen y sonido? Supongo que una situación parecida vivirán actualmente muchos bibliófilos y bibliófilas -tras el reciente auge del libro electrónico-, o el sector melómano -¿vinilo, CD o mp3?-; en mi caso, creo que si el dinero no supusiera un problema, optaría siempre por el soporte físico, aunque solo fuera por el valor sentimental y la costumbre adquirida con los años.

Evidentemente, todas estas reflexiones y elecciones forman parte, hasta cierto punto, de los denominados ‘problemas del primer mundo’ -es decir, aquellos asuntos sobre los que buena parte de la población mundial no tiene la suerte de poder preocuparse, dadas sus desafortunadas condiciones de vida-. Dicho lo cual, debo confesar que, si sigo comprando películas, será sobre todo por descubrir o reencontrarme con títulos de épocas pasadas, y no por los que, de un tiempo a esta parte, vienen llegando a nuestras carteleras…

¿"Netflix killed the DVD/Blu-ray star"?

Publicado en La Voz de Almería (8-4-2016) 

sábado, 2 de abril de 2016

Batman v Superman















Nunca he tenido la oportunidad de leer un cómic o novela gráfica sobre superhéroes; soy consciente de las innumerables virtudes de la última trilogía de Batman, pero nunca me ha terminado de ‘enamorar’; las películas de Marvel Studios me suelen parecer -con excepciones- productos entretenidos pero con escaso margen de revisionado; entre mis películas favoritas -esas que reviso una y otra vez- no hay ningún blockbuster, pero soy un defensor a ultranza del cine-espectáculo -en esta columna no he tenido apuros en afirmar que las últimas entregas de ‘Mad Max’ o ‘Star Wars’ me humedecieron los ojos-; y siento especial predilección por las historias ambiguas, complicadas y/o agridulces.
Batman v Superman (2016) ha recibido un severo varapalo a manos de buena parte de la crítica internacional, y aunque considero algo más arriesgado valorar su recepción por parte del público, está claro que no ha recibido un apoyo unánime. Entre los defensores de la cinta, hay quienes afirman que muchas críticas negativas proceden de personas que, o son fans de la factoría Marvel y/o de Christopher Nolan, o no valoran el cine como puro entretenimiento, o no aceptan historias de superhéroes con un enfoque serio y libre de chistes fáciles: con el párrafo anterior quería dejar claro que no me considero partícipe de ninguno de estos hipotéticos grupos de opinión.


Batman v Superman (2016)

En mi caso, simplemente, la película no me ha gustado; no me ha emocionado ni me ha fascinado. Acudí a verla bastante predispuesto, en buena compañía y en las mejores condiciones posibles: imagen 4K, sonido Dolby Atmos y versión original subtitulada. Antes de entrar a la sala me dije a mí mismo: “en el peor de los casos, disfrutaremos del espectáculo”; pero lo primero que les dije a mis compañeros de butaca tras acabar los créditos finales fue: “qué desastre”. Mentiría si dijera que no encontré elementos interesantes o con cierto potencial -casi todos relacionados con Batman-, pero ello no evita que mi sensación general sea de ‘decepción’. Los motivos… a continuación.
Un guión lleno de fallos, al que se le ven en exceso las costuras y reescrituras, y que introduce de la forma más chapucera posible el futuro universo cinematográfico de Warner/DC; un montaje incapaz de vertebrar dignamente las diferentes tramas de la película; unas escenas de acción con los mismos problemas de casi cualquier blockbuster contemporáneo -ambientación nocturna y/o lluviosa, nula implicación emocional, etc.-; unos personajes con los que me es casi imposible empatizar; etc. Ahora bien -y esto es algo que me gusta dejar claro siempre que hablo sobre el séptimo arte-: es tan solo ‘mi’ opinión.

En los cines Phenomena (Barcelona)

Publicado en La Voz de Almería (1-4-2016)