domingo, 1 de noviembre de 2015

Y entonces llegó Netflix


La población cinéfila y/o seriéfila tiene cada día más posibilidades a la hora de visionar las producciones audiovisuales que sean de su agrado: las salas de cine, los videoclubs –aunque a ciertas personas pueda parecerles ciencia-ficción, yo sigo frecuentando el mismo al que iba cuando era pequeño–, las televisiones privadas y públicas, los canales de pago, las plataformas digitales, las redes P2P, los enlaces de streaming y descarga directa que pueblan la web, o los servicios de ‘video bajo demanda’. Este último sector lleva ya años implementándose en España –Wuaki, Filmin, Yomvi, etc.–, pero la llegada del gigante Netflix ha vuelto a poner de actualidad esta modalidad tecnológica.

La empresa estadounidense, que llevaba años anunciando su desembarco en nuestro país –finalmente el día elegido fue el pasado 20 de octubre–, ha decidido iniciar su andadura española ofreciendo un mes de prueba gratis a todo aquel que lo desee: aprovechando esta posibilidad –y sin experiencia previa en canales de pago o servicios de ‘video bajo demanda’–, me puse manos a la obra… El proceso de inscripción fue increíblemente rápido y pocos minutos después ya estaba navegando por el catálogo de la plataforma, apuntando títulos a mi lista de reproducción y, sobre todo, analizando los pros y contras de un servicio que cuenta con casi setenta millones de suscriptores en todo el mundo.   

John Wick (2014)

Aunque sus responsables ya han anunciado que pretenden doblar su tamaño de aquí a un año, el catálogo ‘español’ de Netflix es por ahora bastante más limitado –ronda los mil títulos– que el de otras de sus filiales internacionales. Del mismo modo, no parece ser el producto ideal para aquellas personas cuyo principal objetivo sea estar al día de los principales estrenos de cine o televisión: en lo que se refiere a las series, la compañía no tiene los derechos de casi ninguna de las ‘gigantes’ del medio y se caracteriza por ofrecer temporadas completas –no episodios sueltos–; en cuanto a las películas, casi todas las de su catálogo tienen al menos uno o dos años de antigüedad.  

No obstante, debo reconocer que a mí la plataforma me tiene enamorado: su atractivo y adictivo diseño; los ya famosos ‘20 segundos’ de espera antes de que se reproduzca automáticamente el siguiente episodio de la serie que estás viendo; agradables sorpresas cinematográficas como John Wick (2014) o Creep (2014) –hasta ahora inéditas en el mercado español–; la incuestionable calidad de la gran mayoría de sus series y películas exclusivas; el interesante catálogo de documentales y especiales humorísticos; etc. El tiempo dirá si esto es solo un amor de otoño o una relación para toda la vida…

Creep (2014)

Publicado en La Voz de Almería (30-10-2015)

domingo, 25 de octubre de 2015

La cumbre escarlata



Debo confesar que, hasta ahora, no he llegado a emocionarme con casi ningún trabajo de Guillermo del Toro: me fascina su imaginería visual –su faceta creativa más alabada, y con razón–, su pasión por el cine fantástico –en toda su amplitud temática y estética–, la originalidad de sus propuestas, su confeso amor por los monstruos y el esfuerzo que pone en planificar, levantar y desarrollar cada uno de sus proyectos artísticos; pero, al mismo tiempo, acostumbro a no conectar con los personajes de sus películas y el desarrollo dramático de sus historias –el factor que, personalmente, me lleva a revisar mis películas favoritas una y otra vez– me suele resultar forzado o poco inspirado.
Curiosamente, hace dos años me lo pasé en grande cuando vi Pacific Rim (2013) en el cine: los personajes –con algunas excepciones– y el desarrollo de los acontecimientos no me entusiasmaron, ni tampoco el aluvión de secuencias nocturnas –un recurso al que suele recurrir buena parte del ‘cine-espectáculo’ contemporáneo–, pero su efectivo planteamiento –un sueño infantil hecho realidad–, sus poderosas escenas de acción y, sobre todo, la banda sonora de Ramin Djawadi, me llevaron a aplaudir –literalmente– en más de una ocasión; el segundo visionado, ya en formato doméstico, no fue tan memorable, pero quizás porque el film fue concebido para verse en pantalla grande.

Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

La semana pasada llegó a la cartelera La cumbre escarlata (2015), el último trabajo del cineasta, y debo confesar que lo he disfrutado durante casi todo su metraje. Gótica hasta la extenuación, hermosa hasta decir basta y con una partitura a cargo de Fernando Velázquez que, sin tener temas memorables, resulta de lo más funcional a la hora de meter al espectador de lleno en la trama, la película me volvió sin embargo a chirriar en su tramo final –sobre todo en lo que se refiere a las decisiones y comportamientos de casi todos sus personajes– y algunas decisiones estéticas no me han convencido –esas presencias fantasmales tan deudoras de Mamá (2013), producida por el propio Del Toro.
Pero a pesar de estas últimas reticencias, creo que mi balance personal es positivo: en este sentido, la escalofriante presencia de Jessica Chastain –fue ella, y no los ‘ruidosos’ fantasmas, quien logró ponerme los pelos de punta en más de una ocasión–, el asombroso diseño de producción –obsesionado por la belleza implícita en toda decadencia– y la siempre bienvenida posibilidad de disfrutar con una historia protagonizada por un personaje femenino –en mi opinión, uno de los más habituales alicientes del cine fantástico y de terror– me parecen motivos suficientes como para recomendar su visionado. 

La cumbre escarlata (Guillermo del Toro, 2015)

Publicado en La Voz de Almería (23-10-15)

domingo, 18 de octubre de 2015

Terrores televisivos


Hace justo una semana que comenzó –coincidiendo con la apertura del Almería Western Film Festival– la 48ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña y, a solo dos días de su clausura, nunca está de más reivindicarlo, no solo como el mejor festival de cine fantástico y de terror del mundo –no es casualidad que sea conocido como el ‘Festival de Festivales’–, sino sobre todo como una visita imprescindible para todas aquellas personas aficionadas, interesadas o enamoradas del cine y, en particular, de estos dos amplísimos géneros cinematográficos. Precisamente en la edición de 2008 se presentó el cortometraje que, años después, daría origen a la película Mamá (2013). 
Dirigido por el argentino Andrés Muschietti –también responsable del libreto junto a su hermana Bárbara– y auspiciado por Guillermo del Toro, el film fue un gran éxito en taquilla –costó quince millones de dólares y recaudó ciento cincuenta– y recibió el aprobado general de la crítica. ¿La historia? Una pareja debe hacerse cargo de sus dos sobrinas, las cuales han pasado cinco años aisladas en una siniestra cabaña: pronto descubriremos que han traído consigo una presencia fantasmal… Por diversos motivos, nunca llegué a ver Mamá (2013) –y eso que el terror es mi género favorito–, pero hace unos días no me pude resistir cuando la vi anunciada en ‘El taquillazo’ de La Sexta.

Mamá (2013)

Al margen de la película en sí misma –me lo pasé bastante bien con los sustos y el diseño de producción, pero no tanto con los, en mi opinión, numerosos problemas de guión–, lo que más llamó mi atención aquella noche fue descubrir que la cadena emitió Mamá (2013) solamente con su doblaje al castellano, sin dar opción a disfrutarla en versión original: algo totalmente insólito, teniendo en cuenta que la oferta de ambos idiomas está hoy a la orden al día en casi cualquier canal de la TDT. Estuve a punto de apagar la TV, pero al final me conformé con escuchar –entre otras cosas– a Jessica Chastain hablando en un tono mucho más macarra que el de su verdadera interpretación.  
La emisión al menos incluía los cada vez más habituales subtítulos para personas sordas o con problemas de audición –y, en otras ocasiones, para quienes los necesiten para ver un film en versión original–: otra de esas opciones tecnológicas que, aunque parecen haberse generalizado, siguen sin ser tenidas en cuenta por algunos canales de televisión –no miro a nadie, Paramount Channel–. Claro que si hay un enemigo verdaderamente temido por quienes desean ver alguna de las películas –o series– que ofrece la parrilla televisiva, son ¡los cortes de publicidad! Pero de ese tema hablaremos quizás otro día…

Jessica Chastain en Mamá (2013)

Publicado en La Voz de Almería (16-10-2015)

sábado, 10 de octubre de 2015

Nueva temporada





Ya metidos de lleno en octubre, el verano va quedando cada vez más y más lejos. Atrás queda otra temporada estival durante la que Hollywood nos ha bombardeado con ‘piedras de toque’ –Mad Max: Furia en la carretera (2015)­–, exitosos revivals –Jurassic World (2015)– y entretenimientos de primer orden –Misión Imposible: Nación Secreta (2015)–, sin olvidar la habitual exhibición de Pixar –Del revés (2015)– o la correspondiente ración superheroica –Ant-Man (2015) y Los cuatro fantásticos (2015)–; claro que la industria española no se quedó atrás, encadenando blockbusters como Anacleto. Agente secreto (2015), Ahora o nunca (2015) o Atrapa la bandera (2015).
Pero que no cunda el pánico, ya que los meses de otoño e invierno se presentan igual o más de interesantes en lo que a estrenos se refiere: La cumbre escarlata (2015) –estando dirigida por Guillermo del Toro, es casi un logro que haya salido adelante–, Spectre (2015) –¿el penúltimo Bond para Daniel Craig?–, Ocho apellidos catalanes (2015) –una nueva saga para nuestro cine–, The Walk (2015) –parece que Zemeckis ha vuelto para quedarse–, Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 2 (2015) –y ojo, que se rumorean precuelas–, El viaje de Arlo (2015) –la segunda película de Pixar en pocos meses– o el nuevo episodio de Star Wars (2015) –que tiemblen Avatar (2009) y Titanic (1996)…

Banner promocional de Spectre (2015)

En cuanto al panorama de rodajes en nuestra provincia, la cosa pinta mejor que nunca. Tras producciones cinematográficas como Exodus: Dioses y reyes (2014) o Risen (2016), y con Mar de plástico triunfando en Antena 3, la TV vuelve a Almería: si hace unos años disfrutamos de la visita de Doctor Who (BBC), a lo largo de los próximos meses tendremos aquí al equipo de Juego de tronos (HBO) rodando parte de su sexta temporada –tras pasar por Girona y Peñíscola–, y recientemente se ha dado a conocer que dos episodios de la próxima temporada de Penny Dreadful, no solo estarán dirigidos por el español Paco Cabezas, sino que parte de ellos serán rodados en Almería.

De todo esto y mucho más iremos hablando en esta columna, renovada por una nueva temporada y esta vez con el doble de entregas –cual exitosa serie de televisión–: y es que a partir de ahora ‘La última escena’ tendrá periodicidad semanal, por lo que cada viernes nos encontraremos aquí para hablar sobre cine, series, televisión, rodajes y todo lo que surja. De momento, puedo adelantar el tema que trataremos la semana que viene: ¿alguien intentó ver Mamá (2013) –la película de terror producida por Guillermo del Toro– en versión original con subtítulos, el martes, en ‘El Taquillazo’ de La Sexta…? 

Imagen promocional de Penny Dreadful (Showtime)

                                                                                         Publicado en La Voz de Almería (16-7-2015) 

viernes, 14 de agosto de 2015

Terror gourmet (VII): 'Vertige' (2009)


Hasta el momento única incursión de Abel Ferry -curtido en ‘Las noticias del guiñol’ francesas- en el campo del largometraje, Vertige (2009) mantiene la dinámica vista en muchas de las películas de terror estrenadas en los últimos tiempos y en las cuales un grupo de jóvenes se dispone a salir de viaje o excursión para luego verse sorprendidos por algún tipo de amenaza exterior. A este respecto, la cinta se compone de dos segmentos perfectamente diferenciados: la primera mitad nos presenta a los cuatro protagonistas de la historia y nos muestra su particular expedición por las montañas del Parque Nacional de Risnjak (Croacia), durante la cual experimentan todo tipo de contratiempos logísticos, personales y grupales; la segunda mitad, por su parte, está centrada en cómo estos mismos personajes son asediados por un misterioso cazador del que no eran conscientes hasta ese momento. Una de las principales influencias del film es The descent (2005), aquella obra magna de la claustrofobia dirigida por Neil Marshall en la que seis amigas emprendían una expedición de espeleología que acababa convertida en una auténtica pesadilla subterránea; en Vertige (2009) los personajes se mueven en dirección contraria -hacia arriba y no hacia abajo-, pero las similitudes son constantes a lo largo del metraje: la foto grupal del principio, el trauma recurrente de uno de los personajes, el momento en que se descubre que uno de los principales obstáculos de los protagonistas había sido previsto ya de antemano por uno de ellos…

Durante sus primeros treinta minutos, el film de Ferry se sirve de la espectacularidad que rodea al mundo de la escalada de montaña para mantener enganchado al espectador: los preciosos paisajes croatas que sirven como escenario principal de la historia, las clásicas escenas en que se describen los entresijos técnicos de este deporte, las siempre fascinantes cuerdas y aparejos que rodean a los escaladores en su ascenso; etc. Como es natural, Vertige (2009) no se limita a mostrar estos aspectos y se aleja del estilo documental introduciendo todo tipo de dificultades en el camino de los protagonistas: uno de los personajes no hace más que recordar una situación traumática de la que intenta olvidarse y otro sufre de vértigo -la histriónica interpretación del actor puede hacer pensar en la sobreactuación, pero quien haya experimentado algo parecido a una fobia sabrá que el resultado es bastante realista-; el regreso de un exnovio provoca un triángulo amoroso lleno de celos y roces que pone en peligro la expedición en numerosos momentos; y conforme avanza la escalada los protagonistas deben hacer frente a un tramo sin cuerdas o a un puente que no aguanta muy bien las sobrecargas. Sin embargo, la atropellada presentación de los personajes, la nula tridimensionalidad de los mismos, el más que cuestionable carisma de algunos de los miembros del reparto y un tratamiento cinematográfico que se acerca peligrosamente al cine amateur, quedan a años de luz de la mencionada The descent (2005) o del tramo introductorio de otra película de corte muy similar a la que ahora comentamos, A Lonely Place to Die (2011).   

Vertige (2009)


La secuencia más inspirada de Vertige (2009) es quizás aquella en la que el género de terror y el maquillaje sangriento hacen su primera aparición: durante la misma, varios personajes intentan zafarse de una caída mortal desde una de las paredes de la montaña, mientras otro se enfrenta a una de las trampas del enigmático antagonista, cuyo rostro no conoceremos hasta el último tramo del metraje. A partir de ese momento, la historia abandona los toques de aventura y se centra en las penurias del grupo protagonista en su afán por salir vivos de la montaña y por averiguar el paradero de aquellos que van siendo neutralizados; el planteamiento estético de la cinta también es radicalmente distinto en esta segunda mitad del metraje, dado que los soleados paisajes dejan paso a una gran cantidad de escenas nocturnas y/o rodadas en interiores. El resultado final es entretenido y contiene algunos enfrentamientos físicos meritorios, además de beneficiarse de una banda sonora funcional pero resultona a cargo de Jean-Pierre Taieb -Frontierè(s) (2007) o The Divide (2011)-, pero está desprovisto de sorpresas para los aficionados al género; la película parece esforzarse, eso sí, por confundir al espectador en lo que se refiere a su identificación con los personajes, los cuales van alternando conductas egoístas y heroicas cada pocos minutos, y se van turnando el estatus de ‘protagonista’. En cualquier caso, la poca entidad de estos últimos, la permanente sensación de déjà vu y una más que evidente falta de estilo juegan en contra de Vertige (2009) y la convierten en una propuesta de escaso recorrido en la memoria cinéfila.

viernes, 7 de agosto de 2015

Terror gourmet (VI): 'Peur(s) du noir' (2007)


Peur(s) du noir (2007) -‘Miedo(s) de la oscuridad’- está dirigida por un grupo de reputados dibujantes, ilustradores y artistas gráficos procedentes de distintos países y hasta entonces sin demasiada relación con el mundo cinematográfico. El film está compuesto por varias historias animadas en blanco y negro, cada una de ellas con un sello estético muy particular: una de ellas imita el dibujo en carboncillo, otra parece un cómic en movimiento y hay incluso un segmento en el que solo se nos muestran formas geométricas. A pesar de que no tienen un nexo argumental común, todas comparten el ‘miedo’ como eje temático y a lo largo de ellas se abordan aspectos como el terror a la oscuridad o a lo desconocido, el mundo de las pesadillas, la naturaleza de nuestras fobias, las consecuencias de la violencia o los recuerdos de juventud. Recibida positivamente por la crítica en el momento de su estreno -aunque desde ciertos sectores se le achacó ser no tanto una propuesta terrorífica para todo tipo de público, como una exhibición de talento artístico destinada a una audiencia muy minoritaria-, Peur(s) du noir (2007) contiene dos segmentos que, sin servir en última instancia como hilo conductor, sí que profundizan en la temática central del film y se desarrollan entre cada uno de los cortometrajes: a lo largo de la película somos testigos de cómo los cuatro perros de caza -uno por cada historia- de un sádico marqués del siglo XVIII atacan salvajemente a diversos individuos; y también escuchamos por trozos el monólogo de una mujer que habla sobre sus fobias cotidianas, desde su miedo a ser inútil para la sociedad hasta su preocupación por las circunstancias de su futura muerte -siendo éste precisamente el segmento acompañado por todo tipo de formas geométricas.

En cuanto a las historias principales, la primera de ellas está protagonizada por Eric, un chico tímido obsesionado con los insectos que, durante su época universitaria, conoce a la primera mujer de su vida, Laura, quien comenzará siendo la mujer de sus sueños pero acabará convirtiéndose en una presencia autoritaria y posesiva: ¿tendrá algo que ver con aquel insecto que se escapó de un bote de cristal cuando era pequeño y con los ruidos que, desde entonces, Eric ha escuchado detrás del cabecero de su cama? Narrado a través de la animación 3D y utilizando sabiamente los planos secuencia, el cortometraje de Charles Burns juega no solo con el miedo a los insectos o a la invasión de nuestro propio cuerpo, sino también con las ansiedades típicas que sobrevuelan casi cualquier relación de pareja: la dependencia, los celos, el tener o no tener hijos, etc. La segunda historia, por su parte, está ambientada en Japón y narra la historia de Sumako, una niña hospitalizada y forzada a soñar mediante la inyección de una misteriosa sustancia: se ve a sí misma yendo a un colegio donde es maltratada por sus compañeros y donde conoce la leyenda maldita de un samurái; ¿pero son solo pesadillas o tienen mucho que ver con un asesinato relacionado con la familia de Sumako? Utilizando la animación en ‘flash’ -tan de moda en los últimos tiempos gracias a los juegos online-, el cortometraje de Marie Caillou es el más imaginativo y demencial de todo el conjunto, ofreciendo al espectador un buen puñado de momentos chocantes y enfermizos, dignos de cualquier pesadilla. La tercera historia es quizás la más decepcionante de todas: centrado en los misteriosos acontecimientos ocurridos durante un verano de juventud -y seguramente inspirado en los paisajes urbanos del pintor italiano Giorgio de Chirico-, el cortometraje de Lorenzo Mattotti se limita a crear una atmósfera bella pero inquietante.

Peur(s) du noir (2007)

La última historia, a cargo de Richard McGuire -parte del departamento artístico de la aclamada Up (2009)-, es la ‘joya de la corona’ y de hecho una de sus imágenes fue parte indispensable del material publicitario de la película. Creado a partir de dibujos a mano y técnicas 3D, el cortometraje carece por completo de diálogos pero está repleto de efectos de sonido, los cuales ayudan a reforzar una clásica historia de fantasmas y casas encantadas que encuentra su mejor arma en el magistral uso del blanco y negro: un hombre fornido, calvo y con bigote -todo lo contrario al protagonista arquetípico de este tipo de historias, al menos en el séptimo arte- entra en una casa para refugiarse de una tormenta de nieve, pero lo que parece una simple casa abandonada se convierte con el paso de los minutos en un entorno de pesadilla y habitado por una enigmática presencia femenina. Es también el segmento más emparentado con el clásico relato de terror gótico: el visitante se dedica a investigar por los rincones de la siniestra vivienda; descansa junto al fuego del hogar mientras degusta un vaso de vino y ojea un álbum de fotos antiguas; sueña que alguien le ataca por detrás del sillón donde está durmiendo -como si se tratara del cuento de Cortázar ‘Continuidad de los parques’-; etc. Solo ya por el planteamiento estético de este cortometraje merece la pena acercarse a Peur(s) du noir (2007), cuyo punto álgido son precisamente las escenas en que el protagonista de esta última historia ilumina los rincones de la casa con la tímida luz de una vela: el negro se apodera entonces de la pantalla y los espectadores se ven forzados a imaginar lo que sucede en pantalla ayudados solo por unas pocas líneas o formas de color blanco.

viernes, 31 de julio de 2015

Terror gourmet (V): 'Necronomicon' (1993)


De entre todas las producciones audiovisuales que en las últimas décadas han tomado como punto de partida la obra literaria de H. P. Lovecraft, esta cinta es seguramente una de las más desconocidas por parte del gran público, quedando en su momento relegada su exhibición en muchos países al formato doméstico o a los correspondientes festivales de cine fantástico. Dividida en tres segmentos independientes pero interrelacionados por una trama secundaria protagonizada por el propio escritor de Providence, Necronomicon (1993) tiene entre sus filas a tres directores muy diferentes: el francés Christophe Gans es el responsable de la primera historia, cuyos únicos nexos de unión con la literatura lovecraftiana son el apellido de un personaje -el protagonista del relato Las ratas en las paredes- y la aparición de criaturas procedentes de los Mitos de Cthulhu; el segundo segmento -basado en Aire frío- corre a cargo del japonés Shusuke Kaneko, futuro director de la trilogía iniciada por Gamera: El guardián del universo (1995); por su parte, el último segmento -inspirado en El que susurraba en la oscuridad- y la historia que sirve como hilo conductor corresponden a Brian Yuzna, figura clave en muchas adaptaciones cinematográficas de la obra de Lovecraft, habiendo figurado su nombre hasta el día de hoy, como productor o director, en películas como Re-Animator (1985), Re-sonator (1986), La novia de Re-Animator (1989) o Beyond Re-Animator (2003). 

‘The Cold’, el segmento dirigido por Shusuke Kaneko, tiene el lujo de contar en su reparto con David Warner, un habitual del género fantástico -Los héroes del tiempo (1981), En compañía de lobos (1984), Waxwork: museo de cera (1988), En la boca del miedo (1995)- cuya mera intervención y portentosa voz suman puntos a una historia sobre un científico dispuesto a alargar su vida por todos los medios, aunque entre ellos se incluya el asesinato; el ‘cortometraje’ contiene ciertos hallazgos visuales -unas gafas reflejadas en un vaso de café, un charco de sangre que actúa como espejo, etc.-, un final efectista pero efectivo y un prudente equilibrio entre los efectos prácticos y digitales, pero ha acabado siendo célebre por un detalle más bien anecdótico: el compositor de la banda sonora de este segmento, Daniel Licht, participaría años después en la serie de televisión Dexter (2006-2013), y aquí puede escucharse ya una versión preliminar de la conocida pieza ‘Blood Theme’, que suena durante los créditos finales de la conocida producción de Showtime. En cuanto a ‘Whispers’, el segmento de Brian Yuzna brinda los momentos  más desvergonzados, explícitos y gore de todo el conjunto, y resulta curiosa la aparición de rasgos temáticos y estéticos similares a las del videojuego Silent Hill, lanzado seis años después: una agente de policía armada con una linterna, restos de sangre y pasillos oscuros, monstruos a los que disparar… Por lo que se refiere a ‘The Library’, la historia protagonizada por H. P. Lovecraft que conecta los tres segmentos, es conocida sobre todo por la risible y postiza barbilla usada por Jeffrey Combs -célebre por sus colaboraciones con Yuzna- para dar vida al escritor.

Necronomicon (1993)

El segmento que abre la cinta es ‘The Drowned’ y está dirigido  por el único realizador galo adscrito al proyecto, Christophe Gans, quien años más tarde conocería el éxito con las cintas de acción y/o terror Crying Freeman (1995), El pacto de los lobos (2001) y Silent Hill (2006). En esta ocasión, Gans -para quien esta película suponía su debut en la dirección, después del cortometraje de corte fantástico Silver Slime (1981)- se vale del travelling, los planos cortos y en primera persona, un breve flashback en blanco y negro, una meritoria banda sonora de Joseph LoDuca -colaborador frecuente de Sam Raimi- y un clímax final en el que se dan cita efectos prácticos y digitales, para dotar de atmósfera a una historia cuya mejor baza termina siendo la lúgubre mansión en que transcurre casi todo el cortometraje, de varios pisos y con una hermosa cristalera en su techo; en cuanto a su reparto, Richard Lynch aporta veteranía y Bruce Payne cierto carisma a un 'cortometraje' entretenido pero que, como el resto de la película, no logra nunca quitarse de encima cierto aroma a producción televisiva -y que además poco tiene que ver con la mayormente sutil y enigmática prosa lovecraftiana-. Quizás lo más destacable sea el hecho de que Necronomicon (1993) supuso la primera colaboración de Christophe Gans con Samuel Hadida y Davis-Films, productor y compañía de producción -respectivamente- de sus tres siguientes incursiones en el largometraje.